sábado, 7 de abril de 2012

y si

Ya habrían pasado más de tres años para que volviera a encontrarme en esta página, para que los recuerdos - duendecillos escondidos y bien tapados de frazadas - volvieran a saludarme, a conversarme y a veces también a repasarme.
En esas cosas uno se encuentra cuando de pronto cae en la cuenta de que el escrito, por ejemplo, un escrito en específico, se inserta justo en el momento de la verdad. Cuando algo que dijiste hace varios años te hace sentido como nunca, y la misma emoción, el mismo sentimiento que en ese momento estaba, ahora aflora y de una manera tan magnífica, tan deseada.
Que entonces también te das cuenta que hay varias cosas que pueden ser comparadas con el presente.
Y está el hecho de que, por decir algo, tratar una separación como un elemento de buen gusto, como una experiencia que todo aquél que se considere romántico ha de experimentar; pues hace ver también los lados opuestos. Aquellas ocasiones, bien incómodas, en que lo que corresponde no es lo que te gustaría que hubiese sucedido. En que aquello que pudo ser el fin de una bonita historia de amor sólo se convierte en un cuento más, en un motivo por el que estar dolida, en varias miradas perdidas que no son ni de nostalgia ni de orgullo, sino de un entender por qué.
En eso se está de pronto cuando no sólo vienen las ideas lógicas, cuando además se une un sentimiento extraño. Parecido a la indiferencia (inquietantemente parecido) que se instala, te mira y te sonríe de una forma que no sabrías corresponder. Un sentimiento que tampoco podría referirse como rencor - aunque mucho de ello tuvo en algún momento - pero que ahora es sólo preguntarse por cosas triviales, por qué tal estará su cena, o cuántas veces habrá visto un gato/un oso/un bonito árbol para acordarse de nuevo de mí. O en qué estaré yo cuando venga un recuerdo suyo, si en algún momento volverán las golondrinas, las mariposas y los microondas a deambular por esas tiernas tardes, esas acaloradas mañanas, esos tranquilos pasares.
Me pregunto, realmente me pregunto, si en algún oscuro rincón, si en algún pedacito de mi corazón de serpiente de tierra, si de todo lo que sentí entre cuatro paredes, en paisajes inmensos. Si de todo eso me queda algo.
Me lo pregunto muy pensando para el después, por lo demás. Por el hecho de saber qué producirá en mí cuando ya no sea un momento doloroso, cuando las tormentas exteriores se calmen y yo pueda comenzar bien de nuevo. Y en eso llegue su recuerdo.

O cuando simplemente me lo tope,
qué parte de mis zapatos miraré?